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Estar saludable y no abandonar.

publicado por David Alonso 30 mayo, 2017 0 comentarios
estar saludable y no abandonar

Sábado, eran casi las 9 de la mañana. Compruebo que la bici está bien, lleno el bidón de agua, móvil marcando la ruta y pedal. Un recorrido poco técnico, por el monte, con algunas subidas fuertes. Mis piernas y mi corazón a tope, me siento vivo, y consigo sacar un buen ritmo durante casi 1h y 45’ de entreno. Pero la cosa no acabó aquí. Había dejado todo preparado, me cambié la camiseta, las zapatillas, aparqué la bici y salí a por 8 kilómetros de carrera por el monte, con un desnivel que para este momento ya se hacía muy cargante. Cansado, mi mente mandaba parar, cada zancada era un dolor y sufrimiento. Pero me concentraba en mi respiración, en mi pisada y visualizaba cómo el oxígeno circulaba por mis piernas, eso me ayuda, es del tipo de dolor que te hace más fuerte. Acabé en 38 minutos. Con la sensación de que las piernas pasaron por una especie de trituradora, pero muy contento. Tras estirar, ducharme con agua casi fría y cambiarme tranquilamente, mi sensación de paz era impagable. Empezaba una bajada hacia un estado de relajación absoluta que le dará un sabor especial al sábado.

Nada más levantarme había tomado mi dosis de spirulina, y cuando acabé, tomé la de cúrcuma, porque me ayuda a recuperar. No soy un deportista de élite, ni nada que se asemeje a ese parecido. Hace poco más de dos años, con 25 kilos más en el cuerpo, no aguantaba más de 10 minutos de trote. De hecho, aunque hice siempre mucho deporte, tras el lanzamiento de mi empresa, en 2005, dejé de hacerlo de forma habitual. El estrés entró en mi vida, la ansiedad, comer y mucho trabajo. A todas las horas conectado, mucho sedentarismo frente al ordenador, viajes continuos y reuniones. Pero con 38 años un día entré en el pozo y casi no salgo de él. Tenía todas las analíticas mal, un desequilibrio hormonal que parecía una partida de billar y mi cabeza dijo ¡basta! No podía funcionar, aunque quisiera tenía casi una imposibilidad física para trabajar. Estaba en low battery y necesitaba cambiar de forma radical. Y el cambio fue comenzar una vida saludable, de una forma integral y para siempre, ya no se trataba de un “un intento más”.

Decir que vas a tener una vida saludable parece fácil, pero no lo es. Cada 1 de enero, cada cumpleaños, cada verano… siempre hay un momento donde quieres dejar de hacer algo y cambiar. Pero lo difícil es mantenerlo. Yo llevaba años intentando recuperar mi deporte. Sabía que me haría más sano y fuerte, pero no lo lograba. A las pocas semanas, a veces ni siquiera un mes, la rutina entraba como un rodillo y volvía a la rueda.

Esta vez era distinto, se trataba literalmente de supervivencia. Pero empezaba desde muy abajo. Hoy puedo hacer un entrenamiento de duatlon, pero hace dos años no podía ni moverme sin asfixiarme. Entrenar y sentirte pesado, más rígido que una columna de hormigón, con dolores hasta en los pelos… todas esas cosas son difíciles de digerir. Sobre todo cuando tienes un monstruo ahí dentro que te dice: “¡para, pierdes el tiempo!”, “lo vas a dejar otra vez”, “deberías estar trabajando y no perdiendo el tiempo”, “tienes otras cosas más importantes que hacer”…  esto no iba a ser fácil, y por eso tener una vida saludable empieza por tener una mente saludable, de hierro, concentrada y consciente para luchar contra los monstruitos.

Dice John Maxwell que la esperanza no es una estrategia. Si quieres buenos resultados, necesitas realizar buenas acciones. Si deseas realizar buenas acciones, necesitas tener expectativas positivas. Para tener expectativas positivas, tienes que creer primero. Todo llega a ese punto. Todo comienza con creer en sí mismo.

En esta reflexión me gustaría transmitir las 3 cosas que he aprendido de mi proceso de cambio hacia una vida saludable. Llevo 26 meses haciendo deporte 4 veces por semana (mínimo), con una alimentación diferente, nuevas rutinas y hábitos y una fortaleza mental lo suficientemente importante como para no volver atrás. Aunque nunca se puedes bajar la guardia.

PRIMERA cosa que aprendí: cuida tu energía. La energía no es ilimitada. Éste era un pensamiento erróneo que tuve durante mucho tiempo. Planifica de acuerdo a la energía que requieran las actividades, la energía que tendrás y nunca llegues a la reserva. Sobre todo no lo vayas en reserva de forma sistemática.

Cuando física y mentalmente no podía trabajar más de tres o cuatro horas máximo, tenía un dolor de cabeza paralizante y no podía atender todo lo que atendía antes, empecé a funcionar en una especie de economía de supervivencia. ¿Qué puedo hacer hoy que tenga impacto, y nada más? Al principio fue tremendo, ¿nada más? Parecía que no hacía nada, ¿sólo dos o tres cosas? Pero este procedimiento me hizo romper el hielo de sentirme muy mal, enfermo y sin hacer nada. Ahora podía hacer cosas y avanzaba. Primero piezas de un proyecto, después un proyecto entero. Gestionar algunas reuniones importantes… y las cosas iban saliendo. Me sentía bien porque caminaba. Incluso me di cuenta que caminaba más que antes, ¿cómo puede ser? La gestión de la energía super escasa me hacía usarla mejor. Y eso fue determinante.

Una cabeza estresada te baja la batería a los dos horas de empezar el día (o menos, porque no te deja descansar en la cama y ya te levantas destrozado). Tener una estrategia de trabajo por temas ‘importantes’ o de impacto es fundamental. Meter en la agenda tiempo de deporte es aún más vital, porque te ayuda a cargar esa energía. Yo empecé caminando. Dejé los ascensores y los sustituí por escaleras. Eliminé de mi agenda las comidas con clientes y usé ese rato para el deporte. Me aferraba al plan, qué cosas quería hacer, qué tenía que salir y qué deporte mínimo tenía que hacer. Si no cumplía algo estaba mal. Como al principio estaba francamente mal y en la cama, parecía que lograr caminar y coger oxígeno era algo muy difícil. Sabía que la mente empezaba a ser más importante que ninguna otra cosa.

SEGUNDA cosa que aprendí: entrena tu mente en proporción de 4 a 1. Es una gran olvidada pero es la que manda. La mente no descansa nunca y hay que entrenarla para que sea una aliada y que no vaya sola por ahí. Cuando no le prestas atención se apodera de ella una especie de bestia negra que te dirige hacia el abismo. Llamo a esta bestia ‘gorila’ o ‘monstruo’. Te trae presente todas las preocupaciones: tienes que resolver esto, y esto, y esto… de forma obsesiva, una y otra vez.

Toda esta basura va sola en tu mente y la tienes que domar. Se va acumulando, como en los desagües, fruto del cansancio, del estrés y de los miles de pequeños conflictos internos que no somos capaces de resolver, porque ni siquiera nos paramos en ellos. No se trata sólo de trabajar en ciertos pensamientos negativos, o de ser optimista y cosas así. Se trata de lograr que la mente trabaje CONTIGO, trabaje PARA TI, te ayude y no te frene.

Para eso hay que ‘vaciarla’, hacer que baje el ritmo, plantearse pequeñas disciplinas (foco en ciertas cosas y en ese momento NO PERMITIR nada más, ni mensajes, ni llamadas ni leches). Marcarse cosas factibles, objetivos Kaizen que se dice (del 0 al 10 de complicación, objetivos al principio con dificultad 2, máximo 3). Trocear los grandes objetivos en pequeños y hacerlos fáciles.

Mantener la disciplina. El deporte y la vida saludable (alimentación, mente, bienestar en general) para mí no sólo es un entrenamiento físico, también es mental. Tu mente te dice ‘no vayas, hoy tienes mucho que hacer’. Pero tú vas, a la hora prevista y previamente has visualizado lo que querías hacer y cómo te quieres sentir una vez acabado. Vas y el gorila pierde porque no le has escuchado ni le has obedecido. Lo mismo con miles de pequeñas cosas que consideras importantes, poca cosa -a veces- pero importantes. Las haces y el gorila pierde. Al final poco a poco el gorila dice ‘este ha tomado el control’. Y ese control depende de que día tras día te sientas centrado, haciendo las cosas que has programado (y que son fáciles, reitero, después puedes complicarlo todo más) y reconociendo tus progresos.

Llega un momento que comes bien, trabajas centrado, te respetas a ti y a tu tiempo, y todo funciona casi de modo automático. Pero no te olvides, el monstruo acecha. Entrénate todos los días.

Leí mucho durante este proceso, y aprendí mucho de Mark Divine, un SEAL cuya filosofía de vida me permitió poner muchas cosas en práctica. Una de sus reflexiones dice:

“Cuando más difíciles se pongan las cosas más pequeñas deberían ser sus metas. Esos ‘microobjetivos’ tendrían que enfocarse con láser al alcanzar un objetivo o un subconjunto refinado de la misión principal”.

Cuando corro visualizo mi pisada. Me centro en mi respiración. Me concentro en mi mente… cuando corro o voy en bicicleta bajo kilos pero también hago músculo mental. Voy sin música y sin nada que me haga despistarme de mis sensaciones y mi mente. Ante el cansancio físico la mente es más moldeable y eso puede ser muy buen entrenamiento. Se doma más fácil cuando el gorila está cansado.

De lo más feliz que me siento es la de veces que NO quería entrenar y fui. La de veces que tuve que salir de mi realidad y decir, ¡voy hacerlo! La de veces que iba a pedir postre y no lo hice. De cómo vas tolerando el sufrimiento de la carrera. Cómo vas marcándote objetivos: hoy por aquí …, lo haces y te reafirmas.

Puedes, con trabajo y mente centrada, puedes. ¿Por dónde empiezo? Poca cosa, microobjetivos (nada de quitarme 15 kilos en un mes o dejar de comer cualquier cosa que tenga azúcar mañana). Confiar en ti: “sí vas a llegar a ese plazo, sí lo vas hacer bien. Foco y sacarlo adelante”. No te castigues si no lo logras, lo importante es volver a centrarse. Castigarse no ayuda a nada. Compasión, como dice los budistas.

TERCERA cosa que aprendí: los ciclos se retroalimentan. Cuando comes basura, eres sedentario, no quieres moverte ni a 100 metros porque todo te parece lejos y estás en esa rueda, parece que no sales de ella y es un círculo pernicioso. La suerte es que también los hay positivos: cuando comes sano, haces deporte, mejoras poco a poco tus resultados, respiras mejor, estás más delgado, te ves más moreno, te ríes más porque estás más relajado,… quieres subir andando y no por el ascensor y ya subes las escaleras de dos en dos, en esos momentos empieza a fraguarse una fuerza positiva que engancha.

¿Dónde está la diferencia entre ambos círculos? En tener una misión férrea, creértela de verdad y tener una disciplina para romper el círculo negativo. Con paciencia porque el círculo negativo no se rompe fácilmente, tampoco el positivo. Por eso cada vez hay más gente estrenada haciendo deporte y no lo suelta, o gente que come cada vez más sano y lo difunde a los cuatro costados; estar bien o estar mal pueden ser dos círculos radicalmente distintos pero con mismas fuerzas.

¿Nunca has estado con un ex-fumador que cuando ve a otro fumar se dice, ‘cómo pude haber fumado yo tantos años’? Pues eso te pasará cuando de forma automática te conviertas en una persona saludable, no lo podrás dejar.

La diferencia está en esa misión y tu capacidad de entrenar la disciplina. Divine dice:

“La disciplina es la chispa que enciende el fuego del hábito. Esos fuegos deben ser prendidos todos los días y la disciplina proporciona la energía primordial. La palabra ‘disciplina’ significa literalmente ‘ser discípulo de un fin superior’. Desarrollar la disciplina de entrenar duro todos los días significa que usted se convierte en discípulo no del entrenamiento mismo y no por tener mejor aspecto o por adular a su ego, sino por la más alta finalidad de desarrollarse plenamente como ser humano y como líder”.

He mejorado como profesional al trabajar mi disciplina. La vida saludable no es algo que te permite tener mejor físico. Es ganar confianza en ti mismo. Es tolerar el dolor. Es saber que las cosas hay que sudarlas pero tienen su recompensa. Se trata de saborear más las pequeñas cosas.

No tenía ni las más remota idea qué eran los superalimentos. Me reía de esos frikis que no paraban de tomar chía, spirulina, chlorella. No entendía por qué comían avena como las vacas de mi abuela o cómo podían ir a una fiesta y moderarse en comida y bebida. Hoy lo tengo claro, he leído e investigado mucho sobre ello. Mis hormonas están estabilizadas, mi organismo funciona con 39 años mejor que con 30 y subo las escaleras de dos en dos sin alternarme la respiración lo más mínimo. Si quieres vivir, si quieres hacer lo que te gusta, si quieres saborear lo que tienes y alcanzar metas mayores, me temo, y te lo digo por experiencia, que sólo lo puedes hacer con una vida que ponga la salud en el centro de todo.

Javier García

@javiCIES

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